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Medellín, cruel esperanza.
Atenerse a ver lo imposible es recomendable para mirar Medellín: terca esperanza entre la tenaz violencia. Su imagen, a veces maquillada, confunde pero encanta. Reponiéndose de épocas oscuras por la fuerza de la guerra, esta ciudad volcó los esfuerzos a la educación y la cultura: música, espectaculares bibliotecas, casas de madera, plomo y resistencia son la combinación típica de la Medellín de hoy. Invertir en los más desprotegidos fue la opción de los gobernantes para salir del laberinto de violencia que no para de engordar en las lomas empinadas. Allá arriba, comuna es sinónimo de tercer mundo latino: casas pequeñas, apretujadas, de ladrillo rojo, habitadas por gente con hambre, sin empleo y, sorprendentemente feliz y orgullosa de vivir en Medellín. Cifras de sangre compiten con indicadores de escolaridad y números de eventos culturales. Un día es el pueblo con mejor calidad de vida, y al siguiente el Rio de Janeiro colombiano. La narco herencia de Pablo Escobar se reproduce al mismo tiempo que el imaginario de una ciudad en transformación.

Texto: Katalina Vásquez G.
 
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